Biografía

Se cree, en gran parte, que la biografía de un filósofo es importante, si no fundamental, para comprender los movimientos de “su” pensamiento, como si este último dependiera de la experiencia personal y del contexto en el que se sitúa un filósofo. Sin embargo, Severino escribe: “Si la Necesidad aparece como tal, el oyente no puede ser lo que “uno” ha descubierto y que, por lo tanto, se encuentra dentro de los límites de la mirada de este uno. Si la Necesidad aparece como tal en la escucha, el oyente solo puede ser la Necesidad misma. Escucharse a sí mismo es […] su aparecer” (La struttura originaria, Adelphi, Milán 1981, p. 98, trad.). Esto justifica la extrema brevedad que le he dado a esta sección desde la cual, sin embargo, surgen los rasgos de una “vida” extraordinaria.
Giulio Goggi

 

Nacido en la ciudad de Brescia en 1929, después de graduarse en estudios clásicos, se matriculó en la licenciatura en Filosofía de la Universidad de Pavía, en el Colegio Borromeo. Se graduó en 1948 bajo la dirección de Gustavo Bontadini, discutiendo una tesis sobre Heidegger y la metafísica.

 

En 1950 obtuvo la cátedra en Filosofía Teórica; en 1954 fue invitado a dar clases en la Universidad Católica de Milán, donde desde 1962 es profesor titular de filosofía moral. En ese mismo año, se publica la obra Estudios de Filosofía de la praxis en donde sostiene que la fe es una contradicción porque supone como incontrovertible lo que no se presenta como tal:

Después de escribir Estudios de filosofía de la praxis, comencé a darme cuenta de que mi presencia en la Universidad Católica era inestable.

Severino, Il mio scontro con la Chiesa, Rizzoli 2001, p. 11 (trad.)

Con la publicación de la obra Ritornare a Parmenide (1964) y del Poscritto (1965), su posición respecto a la Universidad Católica se vuelve aún más crítica:

¿Cómo podría enseñar en una universidad libre y privada […] afirmando que el cristianismo es parte de la alienación de Occidente?

Severino, La follia dell’angelo. Conversazioni intorno alla filosofia, Rizzoli, Milán 1997, p. 25 (trad.)

En 1970 ingresó al Palacio del Santo Oficio (ahora la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe) para discutir con los expertos a cargo de examinar sus escritos:

El procedimiento adoptado por la Iglesia hacia mí era el mismo que había reservado para Galilei [1633]. Hasta donde yo sé, la Iglesia no había adoptado esos procedimientos durante mucho tiempo y luego del caso de Galilei no había sucedido más. Estaba curioso y un poco halagado por el hecho de encontrarme en las mismas habitaciones donde ese gran – ese gran “hombre” – había vivido mucho más. Sin embargo, la relación entre el destino de la verdad y la fe es esencialmente más radical que la relación entre el sistema copernicano, mejor dicho entre la ciencia moderna, y la fe.

Severino, Il mio ricordo degli eterni, Rizzoli 2011, p. 93

La respuesta, incluida en el Acta Apostólica, declara la incompatibilidad de la filosofía de Severino con la doctrina católica. Cornelio Fabro, ex definidor del Santo Oficio, escribió que Severino “critica desde la raíz la concepción de la trascendencia de Dios y los principios fundamentales del cristianismo como tal vez nunca hayan hecho el ateísmo y la herejía hasta ahora”.

 

En Venecia, junto con Piero Treves (para Historia Antigua), Gaetano Cozzi (para Historia Moderna), Adriano Limentani (para Filología Románica) y Giorgio Padoan (para Literatura italiana), fundaron el directivo del entonces recién creado Instituto de la Facultad de Letras y Filosofía. De 1970 a 2001 fue profesor titular de Filosofía Teórica en la Universidad de Venecia; hasta 1989 dirigió el Instituto de Filosofía y luego el Departamento de Filosofía y Teoría de las Ciencias. Es profesor emérito de la misma universidad.

 

Desde 2002 colabora con la Facultad de Filosofía de la Universidad Vita-Salute San Raffaele de Milán, donde dicta el curso de “ontología fundamental”.

 

Las editoriales Adelphi y BUR dedican una serie a la publicación de sus obras, muchas de las cuales están traducidas a varios idiomas: inglés, francés, alemán, español, holandés, portugués y finlandés. Asimismo, es colaborador del “Corriere della Sera”.

 

Académico de los Lincei, ganador de muchos premios –  entre otros: Nietzsche, Tevere, Circeo, Guidarello, Columbus, premio para la filosofía de la Presidencia del Consejo 1998, premio Grinzane Cavour-Cesare Pavese –, es la Medalla de Oro de la República para Beneméritos de Cultura y Caballero de la Gran Cruz.

 

Muchos de sus alumnos han alcanzado un gran renombre tanto en el ámbito científico como en el académico:

[…] en esos años, un grupo de jóvenes académicos talentosos se había formado a mi alrededor en la Universidad Católica […]. Sus nombres eran Umberto Regina, Luigi Ruggiu, Mario Ruggenini, Carmelo Vigna, Arnaldo Petterlini, Umberto Galimberti, Salvatore Natoli, [Luigi] Vero Tarca, Italo Valent, Italo Sciuto, Luigi Lentini. […] […] en Venecia se formó luego otro grupo, igualmente valioso, que incluía a Massimo Donà, Andrea Tagliapietra, Ines Testoni, Giorgio Brianese, Davide Spanio, Giulio Goggi, Raffaele Perrotta, Romano Gasparotti, Francesco Berto, Federico Perelda, entre  otros.

Severino, Il mio ricordo degli eterni, Rizzoli 2011, pp. 101-103

En 1951 se casó con Ester Violetta Mascialino, profesora de latín y griego en la escuela secundaria, con quien tuvo dos hijos, Federico y Anna. Tiene un sobrino, Andrea.